lunes, 24 de marzo de 2008

Pekin y el Espíritu Olímpico

Hoy, 24 de marzo, en Olimpia se ha celebrado el ritual de encendido de la llama olímpica. Una ceremonia siempre solemne, hoy se ha visto interrumpida por activistas pro-Tibet, en protesta por la violencia y ausencia de derechos humanos en dicha región.

No voy a entrar a valorar los acontecimientos que han ocurrido y siguen ocurriendo en el Tíbet. Las noticias que llegan desde la zona (previamente censuradas), las escasas imágenes y las palabras y actos de chinos y budistas, además del cierre de la zona a turistas y curiosos, son suficientes para que todos tengamos una idea bastante clara de los acontecimientos. Y hay miles de análisis exhaustivos y con mucho más fundamento del que yo pueda dar, que no será más que mi propia opinión (que creo que coincide con la mayor parte de los ciudadanos de Occidente).

Tampoco voy a valorar las motivaciones del Comité Olímpico Internacional para elegir Pekín como sede de los Juegos Olímpicos del 2008, ni si fue la mejor decisión.

El caso es que a pesar de no ser un país democrático, donde los derechos humanos están lejos de ser respetados sistemáticamente, no se respeta la propiedad de personas y empresas, el trabajo se acerca más a la esclavitud que a un trabajo digno, y los problemas internos con Nepal y Taiwán, LOS JUEGOS OLIMPICOS DE 2008 SE CELEBRARÁN EN PEKÍN.

Así, con mayúsculas. Las olimpiadas (las de verdad, no las excesivamente mercantilizadas que vemos por la tele) llevan un mensaje de paz y armonía. De olvidar diferencias y competir por ser el mejor. (Más alto, más fuerte, más lejos).

Utilizar las olimpiadas como arma o para hacer chantaje va en contra del Espíritu Olímpico. Ya se hizo en otras ocasiones (sangrantes fueron los casos de Moscú’80 y Los Ángeles’84), y la derrota la sufrieron las propias Olimpíadas.

Este mundo necesita más que nunca unos valores como los que promulgan las Olimpíadas. Y por eso, a pesar de todas las dudas y críticas que se puedan suscitar en torno a China y la decisión de darle los Juegos a Pekín… no se puede hablar de sabotajes o boicots, porque estaremos saboteando las Olimpiadas y su Espíritu.


(c) Eingel. Publicado también en Vientos

lunes, 10 de marzo de 2008

Reflexiones postelectorales

10 de marzo. Ayer fue jornada electoral.

Nunca le presto atención a las campañas electorales, porque sólo son publicitarias, pretenden convencernos en dos semanas que olvidemos todo lo ocurrido en cuatro años. Así que por norma, procuro tener mi voto ya decidido el primer dia de campaña.

Han sido cuatro años de peleas, tres y pico de precampaña, dos semanas de campaña y dos debates. Todo sin novedad, todo según lo previsto, sin sorpresas. Repitiendo las mismas frases, enfatizando los mismos términos, intentando ridiculizar al contrario... exactamente igual que cualquier otra campaña en cualquier otro pais.

Y llega el dia. Voto temprano como siempre, y después a esperar encuestas y resultados

Y todo esto... ¿para qué? Al final, todo exactamente igual. Casi, la diferencia entre los dos grandes es la misma que hace cuatro años, aunque ambos han subido a costa de formaciones minoritarias y nacionalistas. Cuatro años más exactamente igual.

Aunque ha ganado mi opción preferida entre los dos grandes, los resultados me han dejado un sabor agridulce. Y es que ningún partido político cumple con lo que espero de ellos. Vale, es normal, ninguno puede encajar hasta el punto de hacerme sentir identificado. Pero sólo consigo identificarme remótamente, por lo que, si quiero votar, he de relativizar muchas cosas.

Además, estas elecciones han confirmado un aumento notable en el bipartidismo. Aunque se han presentado casi cien candidaturas, sólo cuentan dos. Y sólo diez han conseguido representación parlamentaria. Eso si, los ocho restantes han perdido peso. Así que se ha convertido en una lucha a dos bandos, y los que buscan otras vias... que se jodan. Porque esta tendencia tiende a aumentar cada jornada electoral.

Por todo esto mi sabor agridulce. Porque siento que el ejercicio de la democracia es cada vez menos democrático y más hipócrita.